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martes, 16 de mayo de 2017

Patxi López fulmina a Pedro Sánchez

El debate, a pesar de la poco disimulada acritud entre los dos principales protagonistas, ha sido un éxito. Para todos. El PSOE es mucho PSOE. Y ayer lo demostró, una vez más. El ejercicio de apertura y transparencia que supone -con sus riesgos, que no son pocos- la cita televisada de este lunes, es un ejemplo a seguir por el resto de partidos, sobre todo por la falange (ver DRAE) de la verdadera izquierda. 



El debate lo ganó Susana Díaz. Un encuentro de estas características no lo gana el más incisivo, ni el más ingenioso, ni el más beligerante, ni el más llorón. Siquiera el mejor. Lo gana quien sale beneficiado del mismo. Guste más o menos el modelo que representa la secretaria general de los socialistas andaluces y Presidenta de la Junta, es la única de los contendientes que ha dado pruebas de liderazgo. Gana Susana porque logró mostrar madera de líder, fortaleza y disposición a compartir un proyecto ganador con las bases socialistas. Son, al fin y al cabo, quienes el domingo decidirán el futuro inmediato del PSOE como principal fuerza -o no- de la izquierda en España. Y a quienes se dirigía. Pero gana, sobre todo, porque es la gran beneficiada de un debate a tres que erróneamente se creyó que se jugaba entre dos únicos jugadores.

Pedro Sánchez es el perdedor de un encuentro que presagiaba un áspero empate a dos. Aunque se enfundó el "guante blanco" para bajar el tono agresivo, faltón y despreciativo habitual de los que Podemos denominar “multitudinarios encuentros con la militancia”, su impostado sosiego venía cargado de los mismos, tediosos, repetitivos, argumentos que se resumen en la peregrina idea de que “tú me echaste, por oscuras razones, y yo te lo voy a hacer pagar”. Es su insufrible soniquete travestido de proyecto político; único y (muy personal). Pedro es el perdedor manifiesto del único cuerpo a cuerpo al que se ha enfrentado, que, por ser la beneficiaria, ganó Susana. Quien recoge los beneficios, es el ganador.

Y es que Pedro no contaba que Patxi López, sin ser aliado de la presidenta andaluza, le arrojara en el debate su insolvencia política. El ex Lehendakari llegó a mostrase irritado, y espetó con severidad lo harto que están todos los socialistas de la rastrera campaña sanchista que tacha a compañeros de traidores, vendidos o ratas. “¡Ya está bien!”, clamó.

Patxi es un caballero socialista. Se mostró firme defendiendo que él no estaba de acuerdo con la abstención, pero también que, como hombre leal a las siglas que quiere liderar, entiende sagrada la democracia interna del PSOE. No se le cayeron los anillos para sacar pecho por haber acatado la decisión de la mayoría del Comité Federal y haberse abstenido. Porque esa fue la decisión del Partido. Reivindicó con valentía la legitimad del Comité Federal y de la democracia representativa, y advirtió a Sánchez con gran firmeza que el PSOE no puede tener “un líder sin control”.

Sus planteamientos aturdieron a un sorprendido Sánchez. Esperaba del vasco una complicidad que no encontró. De hecho, fue López quien le vapuleó. Susana Díaz le encajó mandobles de libro, por ser ciertos. Pero quien noqueó a Sánchez, hay que decirlo, fue Patxi.

Pedro Sánchez derrochó ayer, otra vez y tontamente, la oportunidad de presentarse como un líder sólido. Se mostró indolente, resentido, de ideas deslavazadas y poca conciencia de partido.

O de Estado. El zasca monumental por el que serán recordados Pedro Sánchez y el propio debate celebrado en la sede socialista de Ferraz 70, -como lo fue para Nixon no haberse afeitado y guapaeao debidamente para enfrentarse al dandi JFK en el primer cara a cara televisado de la historia- vino cuando, ante las insolentes e infantiles interrupciones de Pedro al modelo de Estado que Patxi intentaba relatar, se vio sorprendido por un muy enfadado ex compañero de Ejecutiva que decidió parar su argumentación y acorralar al intrépido y contestatario adversario.

“Vamos a ver, Pedro. ¿Pero tú sabes qué es una Nación?”. Confundido, balbuceante, cuasi patético, Pedro solo alcanzó a responder -no le quedaba otra que hacerlo- su ridícula y lapidaria frase "una nación es un sentimiento", en boca de quien propone liderar la complicada y arriesgada reforma del Artículo 2 de la Constitución Española, es toda una sentencia del debate que vimos ayer. Pedro Sánchez murió como alternativa. Devino en pobre pretendiente sin capacidad de liderar un Estado plurinacional cuya complejidad excede con creces sus capacidades políticas. Jaque mate. La primera y única vez que se mide como líder con otros compañeros de partido, lo arrollan. Un chasco.

Para más dolor del ya herido de muerte Sánchez, la sensatez y temple mostrados por Patxi López, permiten al diputado vizcaíno rechazar el concepto de voto útil al que, con toda seguridad, apelará en los próximos días -sensiblera y lastimosamente- el beligerante, voluble, lacónico y ayer derrotado Pedro Sánchez. En otro paso fatal,  el más cómico y celebrado, el perillán y sibilino Sánchez quiso ningunear a Patxi López, ignorar el debate y colar su poco subliminal apelación al voto útil. Apuntó el cañón, sin darse cuenta, a su propia cara. "Tu proyecto es mi proyecto, y tu ideas son las que forman mi proyecto, Patxi", vino a decir para intentar pescar votos en el caladero de 12.000 avalistas de López, en los que ve, veía,  su última tabla de salvación para la cita del domingo. Pero se topó, otra vez, con una sonora hostia dialéctica que el ex Lehendakari le infligió: "Si careces de ideas, haces bien en usar las mías, Pedro". Tocado y hundido.

En las contadas, pero atronadoras, ocasiones que tuvo el candidato vasco para intervenir en el rifirrafe entre sus otros dos adversarios, Patxi evidenció la palabrería populista de Sánchez, y le dio varias necesarias lecciones sobre el concepto de Estado y sobre la responsabilidad que supone liderar una organización de la magnitud del PSOE. Un partido de Gobierno obligado a huir de pueriles y efectistas parrafadas dictadas por manuales de marketing para vender móviles, propias de esos concejales rurales ideados por los añorados Berlanga y Azcona, capaces de decir cosas como que “no apoyaremos el alcantarillado sin República”.

Pedro Sánchez mira, miraba, con deseo los avales de Patxi. Sueña, soñaba, con verlos convertidos en votos para su causa. Su mirada no ve más allá del 21 de mayo. Para Pedro, ganar las primarias, supone que el proceso democrático del PSOE, en su peculiar lectura, terminaría el próximo domingo.

Patxi López y sus 12.000 avalistas, saben que, muy al contrario -lo comenté ayer en este blog-, el 39 Congreso del PSOE arranca, no termina, con el recuento de votos dentro de cinco días. Rescatada ayer del furibundo sanchismo la secular democracia representativa socialista, los sufragios que obtenga cada candidato, gane o pierda, pedirán verse reflejados, de una forma u otra, en el Documento Político y la composición del Comité Federal y la Comisión Ejecutiva que, democráticamente, salgan del cónclave socialista el 17 o el 18 de Junio. La verdadera cita crucial para el PSOE. En esta tesitura, no hay apelaciones al voto útil que valgan para quien, como Patxi López, lidera un modelo de partido y tiene un proyecto político que poner sobre la mesa. Soñar que los avales de Patxi fortalezcan su ejército anti Susana, no es más que otra muestra de la escasa cultura de partido -ayer por fin se vio- de Pedro Sánchez.

Resumiendo. El debate deja una Susana Díaz ganadora, de gran fortaleza, e impulsada por el encuentro de ayer a la secretaría general del PSOE. Díaz presentará mañana miércoles las aportaciones de su candidatura a la Ponencia Marco redactada por el PSOE. A pesar de los reproches recibidos por su calendario estratégico, esto le supondrá un plus de notoriedad para lo que resta de campaña. Y deja a un Patxi López sólido, también (muy) fortalecido y  necesario, que, sin haberlo planeado, fue el verdugo de Pedro Sánchez. Es muy posible que este último mantenga una parte considerable del numeroso pedrita enfurecido que sus hábiles campañas de marketing y redes, y sus bravuconas peroratas -cuando no tiene en frente quien le responda- han logrado crear, sí. Pero ayer su estragia revanchista  quedó desactivada  y perdió ante la opinión pública y el electorado español toda nueva oportunidad de ser acogido como candidato a Presidente del Gobierno. Su única y máxima aspiración, con o sin PSOE.

Así fueron las cosas. O así las vi yo, y así las cuento. 

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PD.- Aviso para navegantes: Francina se pide primer la herencia de Pedro.

domingo, 14 de mayo de 2017

Todos miran a Patxi


La habilidosa y exitosa campaña de Pedro Sánchez -un hecho innegable-, para cuestionar ante la militancia socialista la legitimidad electoral del Gobierno del PP y no atribuirla a sus dos humillantes derrotas en las urnas, está basada en un falso golpe de estado en el PSOE y en su falso “derrocamiento” durante la supuesta  defenestración del 1 de octubre. El delirante relato de Sánchez sigue situando, con más intensidad, si cabe, a Susana Díaz al frente del mercadeo de la abstención socialista con el Íbex35 y los pérfidos poderes fácticos, en una conspiración propia del mejor Dan Brown (si existiere) para que el PSOE renuncie in sæcula sæculorum a ser primera fuerza política de este país. Susana Díaz y la baronía histórica del PSOE habrían vendido el alma socialista a cambio de __________________ (rellénese según el grado conspiranoico del lector, ya que permanece inédita alguna argumentación trasladable al mundo real tras las gruesas invectivas del ‘pedrita enfurecido’ que puebla el sanchismo).

Patxi López midió mal los tiempos cuando decidió ser el primero en presentar su candidatura a la Secretaria General, sin haber pactado preventivamente para Pedro Sánchez un digno panteón en el mausoleo de la historia socialista, acorde a su infinita ambición por poner su inconmensurable ego en la cartelería electoral del PSOE, y convertir una y otra vez los bulevares urbanos en una réplica del espejo de la madrastra de Blancanieves en el que poder mirarse a cada paso de su excelsa cotidianidad. Si Pedro hubiese mostrado el mismo ahínco para llevar a los socialistas a La Moncloa ganando las elecciones, hoy estaríamos a punto de ratificar al unísono al Presidente Sánchez como líder socialista en el 39 Congreso.

Pero Patxi, como todos los que le fueron leales permaneciendo en la Comisión Ejecutiva tras la dimisión de “los 17 golpistas subalternos del PP”, conoce bien a Pedro Sánchez y sabe que por nada del mundo cedería el número uno. Con la misma certeza que todos ellos saben que con Pedro Sánchez el PSOE no volvería a gobernar durante una larga temporada. Tal vez ya nunca, si miramos cómo les va al socialismo francés y británico con sus émulos Hamon y Corbyn, o al fenecido PASOK griego. 
"Si Pedro hubiese mostrado el mismo ahínco para llevar a los socialistas a La Moncloa ganando las elecciones, hoy estaríamos a punto de ratificar al unísono al Presidente Sánchez como líder socialista en el 39 Congreso."
Es por ello que con su victoria en las primarias polucionan Rajoy y todo el Partido Popular. Las impostadas muestras de aprecio y admiración a Susana Díaz por parte de la derecha y sus satélites mediáticos, responden al hecho cierto de que en una buena parte del fracturado PSOE heredado de Sánchez, toda alabanza que no venga de voces autorizas de la verdadera izquierda es tomada casi como una afrenta. Es la pobre argumentación de quienes, por ejemplo, cuestionan la propia condición de socialista de Tomás Gómez porque firma sus reflexiones en un medio, La Razón, perteneciente al Grupo Planeta (como también lo es, por ejemplo, La Sexta). Que la derecha quiere visibilizar que Susana Díaz es su candidata, es cierto. Sí. Que lo hace porque quiere que gane Sánchez y seguir gobernando, es de primero de Podemos (le he cogido gustillo a esta expresión, admito).

Lo más significativo del paso dado por Patxi López fue el inmediato y dramático -para Sánchez- tránsito de activos desde las filas del sanchismo a las del diputado vasco. Casi el 100 % de las personas que han trabajado directamente o colaborado de forma cercana con Pedro Sánchez, tardaron apenas unas horas en hacer pública su adhesión al proyecto de Patxi. Todos eran conscientes de que Pedro no se iba a retirar, como lo son que Sánchez es un cartel electoral doblemente testado como fracasado para el PSOE. Un partido fracturado, como el que Sánchez obró solo unos meses después de haber ganado las primarias del 2014, no es un Partido. Y no se ganan elecciones sin Partido.

Que nadie se engañe. La fractura en el PSOE era patente mucho antes del fatídico Comité Federal del 1 de Octubre. Venía larvándose por los usos caudillistas de Pedro Sánchez, que impedía debatir a los órganos de dirección -Comité Federal- y a la organización en los territorios las decisiones -tanta de ellas erróneas y fatales- que como líder socialista iba tomando y anunciando con pomposa solemnidad. Ya fuera autoproclamarse candidato a la Presidencia por su cuenta y riesgo y sin contar con nadie, destituir secretarios generales, cesando candidatos elegidos en primarias -tan legítimas como la que le invistieron a él-, sembrando gestoras por todo el territorio federal o cambiando a su antojo con zaidas, frutos y lozanos las listas electorales que sus hoy veneradas bases habían propuesto y aprobado. La fractura del PSOE comenzó el mismo día en que Pedro Sánchez se sentó en su ansiado despacho de Ferraz 70, convencido de que su poder emanaba del pueblo, y que, como César, no estaba obligado a rendir cuentas. Algo que, por cierto, a día de hoy, sigue sin hacer.

La gente que trabajaba con Pedro, los traidores fariseos que abandonaron al mártir tras su caída en desgracia, también sabía que era cardinal y necesario articular una candidatura que canalizara el descontento y el desconcierto que la abstención socialista en la investidura de Rajoy inoculó  -ciertamente, y por la pésima gestión de los resultados electorales por parte del propio Pedro Sánchez- en las bases del PSOE. Creyeron que dando un paso al frente antes que el indómito Sánchez, este se pensaría mejor dar el suyo. Erraron. Pero optaron, en mi opinión, pensando que quien gane las primarias del próximo domingo debe poder representar la legítima opinión de quienes no compartieron la abstención, y al tiempo tener la capacidad de unir al PSOE en un partido fuerte y unido que vuelva a ser una maquinaria electoral imparable que devuelva a la socialdemocracia las riendas del Gobierno. Es lo que necesita este país. El candidato que no cuente con esas capacidades, no es el líder que el PSOE necesita. Y Pedro Sánchez solo tardó unas semanas en romper el PSOE.

Es lo que creo que ha tratado de explicar durante estas semanas Patxi López. Con evidente escaso éxito frente al astuto Sánchez, que supo rentabilizar de forma casi inmediata su evidente soledad, convirtiéndola, a fuer de llanto y tweet, en la candidatura de las bases. Una impostada rebeldía de tintes cuasi religiosos sustentada en su triste soledad. El marketing y las redes sociales obran milagros, y Pedro vive 24 horas inmerso en ellos. El “resucitado” Pedro Sánchez que Andrés Perelló equiparó al mismísimo Jesucristo (junto a Raphael y Los Minions, mi personaje de ficción favorito), ha contado, además, con el afortunado acercamiento de algunos outsiders clásicos del PSOE, como el profesor Pérez Tapias, el diputado donostiarra Odón Elorza o Josep Borrell. Referentes políticos y morales para la militancia socialista, a los que el carácter contestatario y arrojado de los nuevos y múltiples Sánchez parece haber seducido.


Desde el minuto uno en que decidieron la reconquista de la cuarta planta de Ferraz 70, los seis pedros (Ignacio Varela en El Confidencial), han convertido su propia existencia en el eje de una estrategia que persigue convertir el PSOE en una herramienta para el culto a la personalidad de Kim Il Sánchez. Una cruzada a tierra quemada. Han tenido éxito. El fracaso de Patxi López a la hora de frenarle, lejos de apaciguar las aguas, parece haber ahondado la brecha que divide al PSOE.

Hace unos días, las filas de López ya dieron muestras de flaqueza, cuando la baronesa Armengol y la diputada María González Veracruz le pidieron que diera un paso atrás, aunque también le advirtieron de que, en ningún modo, puede llevar consigo una integración con Sánchez. Saben por qué lo dicen. A diferencia de los outsiders, Francina y María hablan con conocimiento de causa. Han estado más cerca de Pedro que quienes hoy le apoyan, y conocen bien al hombre y su obra.
"Una estrategia que persigue convertir el PSOE en una herramienta para el culto a la personalidad de Kim Il Sánchez"
Patxi López ha desoído -sabio, raudo y radical- el consejo de sus colaboradoras. El vasco sabe que el 21 de mayo no termina la batalla por el poder del PSOE. Muy al contrario, es cuando realmente comienza el 39 Congreso socialista. Un paso en falso cuyo resultado sea mantener la fractura del PSOE, mermará sus posibilidades de liderar una cuota estabilizadora en el próximo Comité Federal y la propia Comisión Ejecutiva. También sabe que una victoria de Pedro Sánchez desatará una tormenta de imprevisible y temible recorrido. Una guerra abierta y previsiblemente cruenta entre el líder federal y las direcciones de las federaciones regionales. En casi su totalidad, estas rechazan al dos veces fracasado candidato y artífice de la fractura interna del PSOE. Todos los ojos miran a Patxi.


Mientras, Pedro, a fuerza de renacer cada día, sigue siendo el mismo.


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sábado, 6 de mayo de 2017

Hay partido; hay reto



 Publicado en Iris Pres Magazine

Admitámoslo. Hay partido. Para sorpresa de quienes pensamos que la mejor estrategia era no entrar al trapo de la beligerante campaña que reclama un  ajuste de cuentas a base de reproches, menosprecio e insidias capaces de poner en duda el propio socialismo de los compañeros del partido, lo cierto es que el carácter marrullero, desafiante y peleón de la campaña de Pedro Sánchez ha resultado ser un éxito. Sorprendente. Descorazonador.

Pero cierto.

Los 53.117 avales que la militancia socialista ha dado al dos veces perdedor de unas elecciones generales, y primer candidato rechazado por la Cámara Baja en una Sesión de Investidura, obliga a reflexionar con seriedad el camino que lleva al decisivo 39 Congreso del Partido Socialista Obrero Español.

El 26 de septiembre de 2016, Pedro Sánchez exigió ante los micrófonos de la Cadena Ser un partido socialista “cuya única voz fuera la de su secretario general”. Exigía para sí la última palabra por haber sido elegido en el proceso un militante un voto. Exigía decidir sin cuestionamientos y sin debate, porque el voto directo, en su forma de entender la democracia de partido, inviste caudillos sin derecho a réplica. Reclamó de quienes discrepaban de su opinión callar las propias, y negó el debate tanto a su Ejecutiva como al Comité Federal, al anunciar un plebiscito sobre su persona al que se denominó congreso exprés. A semejante desafío lo llamó, sin ambages, “debate ideológico”. En esta época de nuevas palabras, alumbró la posdemocracia en el PSOE.

Pedro Sánchez pidió a los miembros de su ejecutiva que transmutaran  de vocales a apóstoles. Y la mitad le dijo que no. Dimitieron. Pedro Sánchez lo llamó  “golpe” y se autoproclamó mártir de una conspiración fáctica de los enemigos del socialismo. Cuando unos día más tarde, el Comité Federal del PSOE, democrática, estatutaria y mayoritariamente también le dijo -a él- que no es no, se vio forzado a dimitir como secretario general del PSOE. Sánchez exhibió -con tan notable como sorpresivo éxito- un impostado victimismo que, en solo unas semanas  obró en él el milagro del renacimiento político en cuyos brazos porta las nuevas tablas de la verdadera izquierda.

¿A Pedro Sánchez lo mataron? ¿O Pedro Sánchez se suicidó? Volver a esta cuestión es el innegable éxito de Pedro Sánchez en el primer asalto de estas Primarias. El 39 Congreso está contaminado de rencor y venganza. Algo más de 53.000 avales así lo avalan, valga la redundancia.

Durante estos largos siete meses, Sánchez y sus acólitos han derramado mares de lágrimas de no es no, porfiando que sin la abstención del PSOE, él sería hoy Presidente del Gobierno. Porque Pedro, el renacido, habría alcanzado un pacto para superar -esta vez sí- una segunda Sesión de Investidura. O porque, en el peor de los casos, sostienen, habría salido airoso y con las llaves de La Moncloa tras un tercer envite electoral.


Este miércoles, Luis Ángel Sanz y Francisco Pascual lograron que el escurridizo Sánchez, huido durante meses de los medios de comunicación y refugiado en el plácido, familiar y administrable entorno 2.0 de Twitter, Facebook y YouTube, respondiera las preguntas claves sobre las que sustenta su beligerante campaña por el trono de hierro socialista.

“¿Qué habría pasado si no hubiese sido derrocado, como dice?”, le preguntan los periodistas de El Mundo. Sánchez, gratia plena, responde sin dudar: “¡Habría habido un Gobierno alternativo!”. “¿Con qué apoyos?”, repreguntan -era de cajón- Sanz y Pascual. Y Pedro Sánchez dice: “¡Con Podemos y Ciudadanos!”

“¿Qué le hace pensar eso?”, tercera pregunta de libro de los entrevistadores. Y Sánchez: “Ciudadanos no quería ir a terceras elecciones”. De dónde saca Pedro Sánchez que Ciudadanos hubiera firmado con Podemos antes de ir a terceras elecciones sigue siendo un misterio, pues solo faltó que Rivera explicara en latín su negativa al entonces aún líder  socialista. Añade: “Pablo Iglesias no podía permitirse votar dos veces en contra de un candidato alternativo a Rajoy”. ¿En qué mundo vive Pedro Sánchez? Iglesias -al contrario de lo que argumenta el primer candidato socialista que pierde estrepitosamente dos elecciones generales, no dimite y encima se pide otra- lo que sí que podía permitirse esta vez era apoyar a Pedro Sánchez en la Sesión de Investidura, a sabiendas de que nacía, indubitadamente, fallida. No había votos de Ciudadanos, y Pedro Sánchez no podía ofrecer el acuerdo fuera de la Constitución que los independentistas catalanes reclamaban para ungirle Presidente.

Rivera, como Iglesias, como Rajoy, como los partidos independentistas y, sobre todo, como los 17 dimisionarios de la Comisión Ejecutiva y la mayoría del Comité Federal que le paró los pies el 1 de Octubre, sabían que una segunda Sesión de Investidura fallida de Pedro Sánchez y, con o sin ella, la convocatoria de terceras elecciones favorecía a todos los partidos del arco parlamentario menos al PSOE. Era una estrategia letal para el PSOE. Seguir aún en este debate denota una preocupante inmadurez en quien lo propone. Pero también en quienes no han/hemos sido capaces de cerrarlo a estas alturas.

En la realidad paralela de Pedro Sánchez y sus sargentos (aún no salgo de mi asombro al ver entre ellos a personas a las que tanto aprecio y admiro), Sánchez insiste ante los periodistas de El Mundo: “En el extremo de que hubiéramos ido a terceras, el PP y el PSOE hubieran salido reforzados. Nosotros hubiéramos tenido más de 100 diputados.” Sánchez está convencido de que presentarse por tercera vez después de haber sido claramente rechazado las dos anteriores por el electorado y las propias Cortes Generales, le habría reforzado en las urnas. Pero su currículo como líder del PSOE era, con confrontación interna o sin ella, exactamente el mismo del 20 de diciembre de 2015, día de su primer fracaso electoral frente a un PP que ya venía corrompido de casa, que sumaba cuatro años seguidos mermando libertades, derechos y prestaciones a los españoles, y cuyo líder, aún habiendo mandado el famoso  y manido "Luis, sé fuerte", obtuvo 2.481.476 votos más que el PSOE de Pedro Sánchez. Haberle plantado cara al establishment socialista y al mismísimo Felipe González, o haber sido valiente y aguerrido de las puertas de Ferraz 70 hacia dentro, no cambiaba su perfil electoral. Estas eran sus credenciales de haberse convocado terceras elecciones. Y con ellas, como confirmó este miércoles a Luis Ángel Sanz y Francisco Pascual, concurre a las inminentes Primarias socialistas.

Los socialistas -ahora que todos se sienten con el derecho a hablar en nombre de todos, yo no voy a ser menos- aman a su partido. Lo hacen porque aman a su país. Y por encima de todo, porque aman a su prójimo. Por ello son socialistas, y por ello militan en el PSOE. Porque buscan y desean lo mejor para todos.

Pedro Sánchez, como este viernes le ha reprochado un sensatísimo Patxi López, exige del 39 Congreso ¿justicia? por lo que le ocurrió el 1 de Octubre, y que, con ella obtenida, le dejen dar una vueltecita más. Y hay miles que apoyan su demanda.

El reto de los socialistas es armar el discurso y la estrategia de un futuro al que el PSOE está llegando ya con retraso, pero que está obligado a construir. Pedro Sánchez vive en una ucronía que le impide entender que ese es el reto. Y eso, para el que esto firma, le incapacita como líder -pasado, presente o futuro- del PSOE. Y de España. No puedo entender su innegable éxito en la recogida de avales.



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miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Salvar una campaña fallida con la cabeza de Mario Jiménez?

Publicado en Iris Press Magazine

El debate del domingo en La Sexta supuso un revés para el equipo de Pedro Sánchez. El formato cara a cara entre los candidatos o sus representantes, solo favorecería la estrategia del ex secretario general si los otros dos entran al trapo de las descalificaciones y del ajuste de cuentas reparador para el Sánchez defenestrado y ahora “tercer resucitado de la Historia” (Andrés Perelló dixit).

Pero todo parece indicar que López y Díaz ignorarán esa estrategia. Y si dejan solos a los de Sánchez en sus maniobras para dividir el partido entre golpistas y/o traidores y apóstoles de la mística e inmaculada pureza de su candidato, y apuestan por defender liderazgos centrados en el PSOE y en ofrecer a los españoles una propuesta de futuro, transformadora y a largo plazo, Pedro Sánchez tendrá muy difícil presentarse ante la militancia socialista como el hombre que podrá unir al PSOE. Habrá dejado en el camino de las primarias tal reguero de insidias y sospechas que, en el remotísimo caso de llegar a ser el más votado, impediría la integración. Poco coherente sería formar equipo con aquellos a los que ayer mismo negaba el derecho a llamarse socialistas y de izquierdas.

El problema hoy para Pedro Sánchez es que han sido tantas y tan gruesas las acusaciones -sin pruebas- y descalificaciones, que salir de ese bucle de violencia verbal entre compañeros no le será tarea fácil. Más bien, casi imposible. Es por eso que, en vez de replantearse si de verdad quiere ser el líder fuerte de un partido fuerte, ha optado por incrementar la intensidad de sus ataques y fomentar la desconfianza en el proceso de los socialistas. Ver a todo un José Antonio Pérez Tapias avisar maliciosamente (que tonto ya sabemos que no es) de “¡tongo,tongo!” a través de Twitter, o a los que andan sembrando de dudas y acordando en inconfesables cenáculos titulares estremecedores  sobre la financiación de las campañas y previsibles pucherazos es, sencillamente, lamentable. Y tramposo.

Tanto López como Díaz han aceptado que sus ingresos y gastos de campaña se gestionen a través de cuentas habilitadas por el propio partido para el proceso de primarias. Podrán ser fácilmente fiscalizados, y quien quiera explicaciones sabrá dónde encontrarlas. Contrasta con la falsa transparencia que preconiza la candidatura de Sánchez, oculta tras el muro protector del denominado Bancal de Rosas. Una asociación ajena al partido desde la que se pretende influir en el futuro inmediato del PSOE con premeditada opacidad, justificada -en su fratricida hoja de ruta- en salvaguardar de represalias a quienes tengan la valentía de apoyar al renacido. Es osado, hay que decirlo, que Pedro Sánchez vaya por ese camino con sus antecedentes tan cercanos en el tiempo. Bien dice la sabiduría popular que se cree el ladrón que todos son de su condición. Y es cómicamente contradictorio hacer gala de campaña transparente, que rebosa locales y plazas, y con una gran presencia en las redes sociales, para luego andar reclamando el anonimato de sus apoyos. Muy Monty Python.

Llegados a este punto, la campaña de Pedro Sánchez anda angustiada y necesitada de un hito que justifique su estrategia. Y ya han fijado un objetivo: Mario Jiménez.

De forma poco disimulada y muy coordinada, las huestes del sancherío se han lanzado a una subcampaña de acoso y derribo del portavoz de la Gestora socialista dentro de la propia campaña de primarias. Acusan al diputado ora de una supuesta incompatibilidad entre su cargo en el Parlamento Andaluz  y el de la Gestora, ora de no ser imparcial en el proceso de primarias. El plan pasa por tensionar al máximo las relaciones entre la Gestora y los candidatos, de forma que para evitar daños mayores y el solaz de los medios de comunicación -que gozan como gorrinos en un lodazal con estas primarias-, y para proteger al PSOE del daño que ya por sí mismo le inflige Pedro Sánchez, se ofrezca en bandeja la cabeza de Jiménez. En el imaginario del sancherío, supondría una primera victoria que insuflaría necesitados ánimos en sus desconcertadas filas, que aún no han comprendido ni digerido que Patxi y Susana hayan decidido tener estrategias propias, alejadas del amortizado y cansino no es no y de la épica casi bíblica de su guía. Insistir en que la promesa del no es no, en detrimento del propio programa electoral, era la gran baza del candidato socialista a presidir el Gobierno de España tras las elecciones del 26J, obliga a recordarles que ¡¡¡FUE UN AUTÉNTICO FRACASO!!!, y que llevó al PSOE al peor resultado de su historia, dejándose en el camino cinco diputados más que sumar a los veinte que ya había perdido Pedro Sánchez solo unos meses antes; y brindando doce escaños más al Partido Popular. Es extraordinario que un candidato ciña su hoja de ruta en una propuesta probadamente fallida y que solo aportó al Partido Socialista otra humillante sangría de votos. Por eso están tan necesitados de más división y nuevas tácticas. De sembrar sospechas de tongo y pucherazo, y señalar responsables. En este caso, Mario Jiménez.

Es difícil que los de Sánchez se salgan con la suya. Sería dar carta de naturaleza a la división entre socialistas buenos y socialistas malos. Y a estas alturas, empieza a ser palpable el fracaso de esa táctica. Al contrario, a este ritmo, la guerrita de Pedro no hace más que devaluar su perfil presidencial y alejarle del liderazgo social que el PSOE debe resolver en su 39 Congreso. 
De mi admirado compañero Alejandro Capuano.

martes, 21 de marzo de 2017

Esperando al PSOE. Apoyo a Susana Díaz

Ayer me preguntaron cómo veo yo el PSOE y qué espero del #39Congreso. No sabía qué responder exactamente, y he recordado, otras vez, esta entrada que escribí en los primeros días de Octubre de 2012. En aquel momento, el secretario general aún era Alfredo Pérez Rubalcaba, que se había comido los marronazos de encabezar, primero, el cartel del PSOE en las dramáticas elecciones de Noviembre de 2011 -sabiendo que la debacle estaba garantizada- y, después, de liderar una organización abatida por el aplastante triunfo del Partido Popular. Entonces, ni siquiera había nacido el adanista fenómeno Podemos.

Creo que el 39 Congreso socialista debe dar respuesta a lo que planteaba entonces, porque aún no lo ha hecho. Es un tránsito que se vio abruptamente interrumpido por el enorme error de cálculo que supuso aupar a la secretaría general al entonces desconocido Pedro Sánchez Pérez-Castejón, tras la decisión de Rubalcaba, en mayo de 2014, de cargar sobre él mismo el pésimo resultado del PSOE en las elecciones europeas, así como no haber sabido impedir la estruendosa irrupción del partido de Pablo Iglesias en el escenario político.

El PSOE debe encontrar la forma de superar su pasado más reciente. Volver al origen de su crisis real, que no es la interna, sino la externa. Y debe ofrecer, ya, una respuesta sólida, creíble y resistente para un proyecto socialista ganador, a largo plazo, y para beneficio de todas las personas.

En mi opinión, y conocida la terna que concurre a las primarias de mayo, desde mi más absoluto respeto, admiración y afecto por el compañero Patxi López, la persona que encarna mejor los valores para tomar las riendas de ese difícil proceso es Susana Díaz.

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ESPERANDO AL PSOE

Publicado en Diario Progresista el 2 de octubre de 2012.

La izquierda (o, al menos, el subconsciente de la izquierda) está esperando al PSOE. Al mismo tiempo, siente que no ha superado todavía el descomunal enfado que, como a los buenos amantes que se saben condenados a entenderse porque son tal para cual, producen los ´cuernos´ de haberse dejado seducir por ´otro´, aún sabiendo "quién te quiere de veras".


La izquierda social, mayoritariamente, está esperando al PSOE. Porque, en su fuero interno, sabe que en sus más de 130 años de historia están depositadas las claves para coger, una vez más, el testigo del cambio y convertirlo en la llave que abre la puerta a la regeneración política, económica y social.

El amante herido, en el amor verdadero, perdona. Perdona en la misma medida que sabe que tu infidelidad no es distinta a la que uno mismo está dispuesto a cometer. Pero cuidado, aunque te siga amando profundamente, el amante apasionado no dudará yacer en otros lechos en busca del placer que una vez compartió contigo. Y podría encontrarlo, pues los buenos amantes no son únicos y exclusivos. Encontrar a otro que despierte en ti el mismo ideal que os hacía inseparables, no es imposible. Porque no es tu belleza ni tu envergadura lo que le había enamorado, sino la propia vivencia del amor la que interiorizó como tal. Las chispas se producen cuando dos piedras chocan, y de chispas muy relucientes puede surgir de nuevo el fuego que se añora.

En política sucede lo mismo. Los españoles han sido y son mayoritariamente socialdemócratas. Mientras el amor fue sincero y correspondido, el PSOE gozó de la confianza de su amante natural, que no es otro que la clase trabajadora que conforma la mayoría social y numérica de nuestro país. Entre 1982 y 1993 la pareja dejó la huella de un tórrido romance, en la que las dos partes aportaron lo mejor de cada uno. La mejor prueba de ello fue la sólida mayoría absoluta que durante 11 años permitió hacer las reformas que casi cuatro décadas de dictadura habían frenado tras la abrupta interrupción por las armas de la Segunda República. Los coqueteos con el capitalismo liberal entre 1993 y 1996, así como los devaneos con los abusos de poder y la corrupción, rompieron la relación. Una sonora separación que tiñó el mapa de España de azul con los diez millones de votos (estables) del Partido Popular, que, nos guste más o menos, sí que es (o era) fiel a su electorado mientras los votantes de izquierda abandonaban el domicilio conyugal que era la Casa del Pueblo del Partido Socialista.

Como les sucede a muchas parejas, la separación no fue definitiva, y el feliz reencuentro con José Luís Rodríguez Zapatero y la socialdemocracia, propició que los amantes se dieran una segunda oportunidad. Así llegó aquel feliz 14 de marzo de 2004, tras ocho lamentables años de gobierno de una derecha que aún no se había atrevido a mostrar del todo su verdadero rostro, pero que ya daba muestra de su temible autoritarismo y capacidad manipuladora. Una derecha capaz de amagar con una reforma laboral que la izquierda, aún no herida de muerte, supo frenar; hoy vemos que sólo momentáneamente. Capaz de negar el desastre medioambiental del Prestige, de mezclar restos mortales de nuestro soldados para apagar a toda velocidad el fuego del Yakolev 42, o de enviar a nuestros hijos y hermanos a la injusta guerra de Iraq, con las tremendas consecuencias que todos recordaremos siempre. 

Aquella segunda oportunidad propició seis años defelicidad y dos años de tortuosa relación. Porque Zapatero no supo gestionar la crisis de pareja y hacer uso del clásico “cariño, tenemos que hablar”, y prefirió, si bien es cierto que con gran honestidad e indudable buena intención, tomar unilateralmente decisiones que afectaban gravemente a la convivencia.

Soy de los que piensa que si, en mayo de 2010, el Presidente hubiese decidido mirar a la cara a los españoles y pedirle una esfuerzo para salvar la pareja, las cosas hubiesen sido de otra forma. Tenía que haber confiado en la sensatez de los españoles. Y ante la grave crisis que se nos vino encima a velocidad de vértigo, admitir que el contrato de convivencia firmado en 2004 -y revalidado en 2008- no podía mantenerse en los mismo términos. Que había que hacer ajustes, muy duros, que no formaban parte del acuerdo electoral del que nació aquella segunda oportunidad, y debían por ello ser consensuados convocando elecciones adelantadas.

Opino que esto hubiese permitido un plan de acción conjunto desde la izquierda que no eludiera los ajustes que todos deberíamos asumir, pero que garantizara los pilares básicos del Estado del Bienestar que, hoy, vemos cómo se diluye a golpe de Real Decreto cada temible viernes de Consejo de Ministros.

Creo que el PSOE se equivocó cuando prefirió someterse a los dictados de la tía rica de Alemania que amenazaba con desheredarnos si no cumplíamos sus estrictas exigencias. Igual que también creo que todavía no ha sabido pedir perdón de forma creíble por ese error, y que mantiene una posición que no permite visibilizar el arrepentimiento por haber abandonado la senda socialdemócrata -de nuevo la infidelidad- y, mucho menos, un verosímil propósito de enmienda.

Las protestas que cada día inundan las calles de nuestro país con un arcoíris de mareas que luchan por defender la Educación, la Sanidad, la Justicia, la dignidad del funcionariado... el Estado del Bienestar en sí, no se traducen en el acercamiento que debe patrocinar el viejo dicho de “a la tercera va la vencida”. Al mismo tiempo, los trabajadores ven cómo la generación nacida de la feliz pareja surgida en 1982, decide tomar la iniciativa y reclamar, con la fuerza de la razón y la sensatez de quien sabe que hay otros caminos que también llevan al amor, nuevas formas de hacer política. Una generación que se siente huérfana y está pidiendo a gritos formar parte de una gran familia que, si el PSOE no le ofrece cuanto antes un hogar, acabará por construir su propia casa, en la que dar cabida a los cambios que necesita un modelo de sociedad que hace tiempo que está agotado.

Dice Rubalcaba que lo revolucionario no es abrir ventanas del PSOE hacia fuera, sino salir fuera nosotros. Pues eso, salgamos de una vez. Porque ahífuera nos están esperando. Están esperando al PSOE.

lunes, 20 de marzo de 2017

#ObjetivoPSOE: candidatos y estrategias en campaña de primarias

Publicado en IrisPress Magazine.

En su primer cara a cara televisivo, los representantes de los candidatos a las primarias del PSOE han logrado, unos con más fortuna que otros,  el objetivo de mostrar a la opinión pública -y con ella a los militantes y votantes del PSOE- qué está ocurriendo en el seno del Partido Socialista y a qué perfiles y estrategias responden los candidatos Patxi López, Pedro Sánchez y, a partir del próximo domingo, Susana Díaz. Todos concurren para dirigir el mismo partido.


Un momento de #ObjetivoPSOE, ayer domingo, en La Sexta
Óscar Puente, que hablaba en nombre de Pedro Sánchez, tardó poco en poner sobre la mesa de Ana Pastor que el 39 Congreso del PSOE debe ser una suerte de segunda vuelta del Comité Federal del 1 de Octubre. Un ajuste de cuentas por la injusta defenestración de Pedro Sánchez, debidamente envuelto en la promesa de un nuevo PSOE, de pomposos eslóganes y que dará valor -a partir de ahora, se entiende- a palabras como "coherencia" y "lealtad". Puente enseguida reivindicó la "palabra dada" y el carácter traicionero al verdadero socialismo que supuso la abstención, frente a la inmaculada pureza del 'no es no' de Pedro Sánchez. El mismo Óscar Puente que lastimosamente recordaba ayer en el debate que tras "27 años como militante nunca he sido miembro del Comité Federal", el que el pasado 4 de julio pidió en la Cadena Ser que el PSOE facilitara el Gobierno de Mariano Rajoy, reclamaba ayer "coherencia" y llegó a denunciar que fueron las malvadas élites las que "no han permitido a la militancia socialista que opinen sobre la abstención". Obviando que fue el propio Pedro Sánchez el que negó esa consulta y prefirió proponer al Comité Federal un 'congreso exprés' que resolviera su liderazgo antes de decidir sobre la investidura de Rajoy.

Óscar López, la desafortunada elección de Patxi López para representarle en el plató de La Sexta, mordió el anzuelo de Puente y perdió toda oportunidad de dejar en la memoria de los telespectadores su mensaje. Se sintió atacado y acabó mendigando para su candidato la parte alícuota correspondiente en la paternidad del 'no es no'. Mostró debilidad y entró en el premeditado rifirrafe en el que le metió el alcalde de Valladolid, aceptando implícitamente que el Comité Federal del 1 de Octubre debe ser el punto de partida para el 39 Congreso. Es lo que busca desesperadamente la estrategia diseñada por el equipo de Pedro Sánchez, lograr que el 39 sea el congreso de Pedro Sánchez. Óscar López no hizo un buen papel y no defendió debidamente a su candidato.

Soraya Rodríguez había hecho una digna defensa de Susana Díaz, del perfil de la presidenta de la Junta de Andalucía, su currículo político, su propuesta para dirigir el PSOE y los valores añadidos que la propia Soraya considera personalmente de su representada. Que el portavoz de Pedro Sánchez optara por una estrategia de ataque, no implicaba que la de Susana Díaz tuviera ninguna obligación de adoptar una de defensa. Rodríguez dio muestras de saber  que las primarias del PSOE van a estar muy condicionadas por la campaña sustentada en la confrontación y el ajuste de cuentas con la que, bajo la épica de la proclamada rebelión de las bases, Pedro Sánchez ha decidido defender su candidatura para recuperar el liderazgo del partido. La diputada eludió, sabiamente y mientras pudo, participar en la agria discusión entre los dos oscars, pero una vez noqueado López, recibió por boca de Puente la catarata de ataques e interesadas interpretaciones del sanchismo, volviendo al Comité Federal del 8 de julio, en el que el PSOE bueno, el de Pedro Sánchez, logró un apoyo mayoritario para el 'no es no' en el Congreso de los Diputados, en "coherencia" con el programa y las promesas de campaña del PSOE. El vallisoletano también acusó de forma poco disimulada a Susana Díaz y a la propia Soraya de formar parte del viejo PSOE, el malo, cómplice y subalterno del PP. Que parece de derechas y que aún no ha explicado por qué cambió de rumbo tras aquel 8 de julio y tras la dimisión de Pedro Sánchez.  

Es desolador que Oscar Puente,  y los 'sargentos' de Pedro Sánchez Odón Elorza, Zaida Cantera, Adriana Lastra y el notario de Jun, entre otros, sigan atrapados en los comités del 8 de Julio y, sobre todo, en el del 1 de octubre. En lo solemnemente acordado en uno, frente a lo ocurrido y decidido en los posteriores. Es una campaña de "primero de Podemos" que señala a compañeros socialistas como traidores, golpistas y casta. Y que, como novedad, desde hace unos días hasta hace oportunistas menciones a las puertas giratorias. 

Hablan del 8 de julio, pero nunca mencionan que hasta ese día habían transcurrido sólo doce desde las elecciones del 26 de Junio, que ni siquiera se habían constituido Las Cortes, y mucho menos comenzado la XII Legislatura. La posición de aquel Comité Federal no podía ser otra que una declaración política poselectoral, previa al comienzo del curso parlamentario. Era, en julio, la más correcta manifestación de las aspiraciones e intenciones del PSOE, y necesariamente tenía que responder al programa con el que los socialistas concurrieron al 26J. Como no podía ser de otra forma,  todo el Comité Federal lo entendió así y se expresó en consecuencia.

Es tras iniciarse la Legislatura y conocer la posición de todos los partidos, que se pudo saber ante qué realidad parlamentaria se encontraba el PSOE, y qué era lo mejor para España que debían decidir los socialistas. Esa decisión se tomó, también, en un Comité Federal. Uno tan legitimado para tomar decisiones políticas como legitimado estaba el 8 de Julio. Una vez que los grupos parlamentarios habían expresado con claridad sus objetivos y exigencias, que habían estudiado, insinuado o propuesto las posibles políticas y pactos, su viabilidad, la necesaria correlación de fuerzas para su estabilidad... el Comité Federal del PSOE estuvo en condiciones de volver a preguntarse qué había que hacer. De responder con la sensatez y responsabilidad que se espera de los representantes políticos, y más de los socialistas. La triste y cruda realidad es que cuando hubo que decidir, el PSOE se encontraba acorralado entre la dolorosa abstención o ir a terceras elecciones.

Solo en el mundo paralelo y negacionista del sanchismo existió alguna posibilidad de que Pedro Sánchez Pérez-Castejón u otro candidato o candidata socialista hubiesen salido airosos de una nueva Sesión de Investidura. E ir a terceras elecciones, estancando los socialistas nuevamente un contexto político que ya lo llevaba más de doce meses, solo podía derivar en una más que previsible mayoría absoluta de la derecha del Partido Popular, con o incluso sin Ciudadanos. En el más optimista de los casos, las terceras podían haber vuelto, en peligroso bucle, al mismo escenario parlamentario surgido del #20D y del #26J, pero habiendo puesto en juego -con resultado incierto- el liderazgo del PSOE en la Oposición, en beneficio de Unidos Podemos. Ante ese panorama político, no secundar la abstención fue una decisión irresponsable por parte de los diputados y diputadas díscolos. No pasaba de ser una epopeya romántica a mayor gloria de la leyenda política de Pedro Sánchez, pero con un previsible precio a pagar demasiado alto para el PSOE y para todos los españoles. Aún así, esa epopeya es hoy el hilo conductor de la épica y belicosa campaña de Sánchez y los suyos.

El debate de este domingo en El Objetivo ha mostrado las diferentes posiciones y estrategias de los candidatos y la candidata a la hora de abordar el 39 Congreso socialista. Patxi López va tener difícil salir de la campaña-trampa de Pedro Sánchez si sigue confiando su suerte en portavoces como Óscar López. Y Susana Díaz va a tener que poner todos sus esfuerzos para que las primarias del PSOE no queden secuestradas en un debate tan pobre y cainita. Se trata del PSOE, pero fuera están mirando. 

miércoles, 18 de enero de 2017

Sánchez uno, López cero

Publicado en Iris Press Magazine


A Patxi López se le ha atragantado, desde el minuto uno, la estrategia de presentar su candidatura ante la militancia socialista proclamándose, en rueda de prensa, depositario de los valores del No es no de Pedro Sánchez.

Quien venga atendiendo la más que conocida óptica del sanchismo, sabe que este rechaza por igual a los que defendieron abiertamente la abstención como a los que se manifestaron por el no es no y también se abstuvieron. La seña de identidad del sanchismo, a estas alturas, es la rebeldía. Y esta exige actitudes más valientes. Más osadas. De hecho, tienen importantes referentes al respecto, como Odón Elorza y los otros diputados díscolos, que de momento, parecen seguir junto a Sánchez. También el otrora adversario en las primarias de 2014, y hoy unos de sus valedores más importantes, José Antonio Pérez Tapias, cuyo nivel y prestigio ante las bases, como en el caso de Elorza, están fuera de toda discusión, más allá de las divergencias.

Patxi López ha errado al saltar al ruedo reclamando como propios los valores del sanchismo, y poco menos que exigiendo de este movimiento que reside entre la militancia socialista un harakiri político que permita el inmediato advenimiento del patxismo. No ha tenido el valor de presentarse abiertamente como el candidato que frenará a Susana Díaz, la auténtica bestia negra de los de Pedro Sánchez. Pero sí para pedirle a este, sotto voce y por vía interpuesta, que se aparte. Como tarjeta de presentación, es desafortunada y poco elegante.

López ha renunciado a poner en valor su propio currículo socialista para presentarse ante la militancia como una opción ganadora. Al contrario, ha optado por lo aritmético antes que por lo político y ha dado carta de naturaleza al discurso del sanchismo, que divide al PSOE en dos bandos, los del no es no y los de la abstención. Socialistas verdaderos y traidores al servicio de la oligarquía. Es de principiantes no haber previsto que la respuesta lógica de los seguidores del ex secretario general sería preguntar a Patxi López por qué, si esa es su posición como candidato, no ha preferido sumar su fuerza a la de sus otros líderes –sí, Patxi, el sanchismo ya tiene más líderes- para llevar a Pedro Sánchez de nuevo a despacho principal de Ferraz 70. Con esta estrategia, Patxi López ha situado el debate congresual exactamente donde mejor convenía al sanchismo.

Para más inri, los miembros más destacados de la hasta ayer mismo -falsa- guardia pretoriana de Pedro Sánchez, no tardaron siquiera unas horas -minutos en algunos casos-  en lograr que los medios de comunicación los presentaran, a golpe de impactantes titulares, como el equipo de Patxi. A ello responde la agresiva, poco sutil y servil catarata de peticiones, más o menos expresas, de dirigentes como César Luena, Óscar López, Sara Hernández o Rafael Simancas pidiendo a Sánchez que ponga fin al sanchismo. Sin contrapartidas. Error de salida, fallo en boxes.

Quienes bucean por las redes sociales, especialmente Twitter, cuya imprevisible inmediatez desborda toda concepción clásica de una contienda política, habrían previsto que los activos más radicales del sanchismo, de una inusitada pero ya conocida beligerancia en el arte de los ciento cuarenta caracteres -impropia, por cierto, entre compañeros de un mismo partido-, no tardarían ni un minuto en hacerle ver a López que rechazan, detestan, a los antiguos compañeros de viaje de su líder,  y que si son quienes forman el estado mayor de la candidatura del diputado vasco, va a ser difícil el entendimiento. Sus únicos referentes solo son ya los mártires del no. De ninguna forma pueden serlo  los que no tuvieron el valor de rebelarse contra la abstención y la defenestración de Pedro Sánchez. Los codazos del equipo de confianza de Patxi López para ser los primeros en manifestarle lealtad, sobrepasan, cómo no, los límites de la épica del sanchismo. Es demasiada la repulsa por la “traición”, para que la loca carrera por salir en la foto junto al primer candidato no provoque retortijones en lo más profundo de los rebeldes.

Y sorprende -porque se le suponía un gran olfato político y estar asesorado por gente del nivel de Rodolfo Ares, al que se suele presentar como una suerte de rubalcaba vizcaíno- que Patxi López haya entrado en la pugna por la secretaría general como un elefante en una cacharrería. Donde quiso convocar una mayoría frente a Susana Díaz, es más que posible que haya despejado las últimas dudas de Pedro Sánchez sobre concurrir de nuevo por la Secretaría General del PSOE. O, por qué no, patrocinar una candidatura del sanchismo. 

El rechazo manifiesto de su parte más visible, la que reside en el submundo 2.0, ha logrado, en contra de lo buscado, situar en el primer asalto a Patxi López más cerca de la presidenta andaluza que de Pedro Sánchez. No tardaron en brotar quienes ya barruntan un "pacto secreto" para frenar la rebelión de las bases.

Vengo defendiendo en mis artículos que la teórica del sanchismo adolece de más epopeya que de política. En sus contextos, la torpe  primera entrega de Patxi López, habría puesto en sus manos un sorprendente giro del concepto “voto útil”, que devolvería sin abrir el divide et impera que el establishment socialista, la conspiración de generales y coroneles (Odón Elorza dixit), les habría enviado con Patxi como arma disuasoria.

Lo cierto es que 72 horas después del anuncio de Patxi López, el sanchismo y  Sánchez aparentan más vigor. El vasco ha logrado entrar el primero en la contienda de las primarias, pero lo ha hecho por la puerta de atrás. Los medios recogen la sentencia: "Patxi López me ha traicionado". Sánchez uno, López cero.